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Día de la independencia o Independence Day

Independence Day Parade in Washington, D.C. / Wikipedia Independence Day Parade in Washington, D.C. / Wikipedia

Fue un 4 de julio de 1776 en Filadelfia, cuando los Estados Unidos de América proclamaron que, las trece colonias norteamericanas en guerra con Gran Bretaña, no reconocían el dominio británico y formaban una nueva nación independiente. La Declaración que justificaba la independencia, reconocía ciertos derechos naturales y legales, incluidos el «derecho de revolución». Tendremos la oportunidad de hablar sobre independencia, nacionalismo y cuestión catalana, temas de candente actualidad.

Cuando comenzó la Guerra de la Independencia –que finalizó con la derrota británica en la batalla de Yorktown y la firma del Tratado de París–, el principal objetivo de la lucha era reclamar derechos y libertades económicas, pero fue tomando fuerza entre los colonos la idea de cortar los lazos con Gran Bretaña. Tras más de una década de agitación contra las políticas inglesas y las primeras batallas, las trece colonias enviaron representantes al primer Congreso Continental celebrado en Filadelfia. Después de mucho debate acerca de cortar los vínculos con Gran Bretaña, los representantes votaron unánimemente por la independencia el 2 de julio de 1776. Dos días después, el Congreso aprobó la Declaración de Independencia. La Declaración estaba fechada el 4 de julio, que la nueva nación adoptó como el Día de la Independencia.

La fecha del 4 de julio es considera como el día del nacimiento de una nación. La Declaración de Independencia, que reclamaba el derecho a la vida, la libertad y la consecución de la felicidad, es uno de los documentos fundacionales del espíritu americano. Fue escrita por Thomas Jefferson, con John Adams y Benjamin Franklin. Es un día de fiesta en todo Estados Unidos desde 1941, siguiendo una tradición que se remonta al siglo XVIII y a la Revolución Americana (1775-1783).

La Declaración se convirtió en una reivindicación sobre derechos humanos. En el texto aparecen una lista de demandas y cabe resaltar su preámbulo: «Todos los hombres son iguales, y han sido dotados por el Creador con ciertos derechos inalienables; entre ellos el derecho a la vida, la libertad y la consecución de la felicidad; y para asegurar estos derechos, los gobiernos se instituyen entre los hombres, derivando su poder del consentimiento de aquellos a quienes gobierna». Fue firmado por 52 representantes. Gran Bretaña no reconoció la independencia, hasta que con el Tratado de París de 1783 se puso fin a las hostilidades y consumó la Revolución estadounidense.

En el Tratado de París se reconocía la independencia de las Trece Colonias como los Estados Unidos de América y otorgó a la nueva nación todo el territorio al norte de Florida, al sur del Canadá y al este del río Misisipi. Gran Bretaña renunció al valle del río Ohio y dio a EEUU plenos derechos sobre la explotación pesquera de Terranova. El reconocimiento de las deudas legítimas debían pagarse a los acreedores de ambas partes, así como puestos en libertad los prisioneros de guerra de ambos bandos.

Los británicos firmaron el mismo día acuerdos por separado con España, Francia y los Países Bajos, que ya habían sido negociados con anterioridad. España mantenía los territorios recuperados de Menorca y Florida Oriental y Occidental. Por otro lado recuperaba las costas de Nicaragua, Honduras (Costa de los Mosquitos) y Campeche. Se reconocía la soberanía española sobre la colonia de Providencia. Sin embargo, Gran Bretaña conservaba la estratégica posición de Gibraltar. Londres se mostró inflexible, ya que el control del Mediterráneo era impracticable sin la fortaleza del Peñón.

El 4 de julio de 1776 iba a ser memorable en la historia de América. «Me inclino a creer que será celebrado por las generaciones descendientes», escribía John Adams a su esposa. «Debe ser conmemorado como el día de la liberación» Hoy es solemnizado con pompa y desfiles, como era su deseo «con espectáculos, juegos, deportes, armas, campañas, fogatas e iluminaciones, desde un extremo de este continente a otro, de ahora en adelante para siempre». El 4 de julio también ha sido una fecha maldita para sus presidentes. Thomas Jefferson murió un 4 de julio de 1826, pocas horas antes de John Adams, en el cincuenta aniversario de la Declaración. James Monroe, también murió un 4 de julio de 1831, tercer presidente que murió en on independence day.

Estados Unidos, al lograr su independencia de Reino Unido, se convirtió en la primera república democrática representativa de la historia de la humanidad. Así comenzaba la Declaración firmada en el Congreso: «Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual». Se entiende como un antecedente directo de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, lograda tras la revolución francesa de 1789, que recogía las pretensiones democráticas anheladas durante siglos por los sectores más progresistas.

Para garantizar los derechos que se incluían en la Declaración (todos los hombres son iguales y tienen derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad), «los hombres eligen gobiernos, que pueden ser abolidos si no representan al pueblo». La primera república democrática representativa de la historia ya se sustentaba en los dos pilares básicos de toda democracia: el sufragio universal y secreto –que permite a la ciudadanía elegir a los que gobiernan–; y la total libertad de prensa, para asegurar que se conozca las cuestiones que afectan a la opinión pública.

En estos días, independencia, nación y cuestión catalana tiene plena vigencia. El 14 de abril de 1931, con la proclamación de la República, Francesc Macià proclamó la República Catalana dentro de una federación de pueblos ibéricos. La situación quedó normalizada con la restauración de la Generalidad y el Estatuto de Autonomía de 1932, tras la aprobación de la Constitución de la República. El franquismo puso fin a todo. Como en el resto de España, se anularon libertades, derechos, la democracia y se eliminaron las instituciones republicanas. En Catalunya se persiguió la lengua, la cultura y la nación. Hoy, la política del Gobierno, no dudando en utilizar la Constitución para sus propios intereses, perpetúa la forma totalitaria de hacer política.

Por su parte el nuevo PSOE, no termina de dejar claro su concepto de la España plurinacional. Mantiene su apuesta porque la Constitución reconozca el carácter plurinacional del Estado (artículo 2 CE), añadiendo «plurinacionalidad cultural de España». «España es una nación de naciones que tiene una única soberanía (que es la del conjunto de la sociedad española) y un único Estado (que es el Estado español)», asegura Pedro Sánchez. Otros, desde el PSOE y fuera de él, sostienen que ya se están dando las condiciones para aplicar el artículo 155 CE, que posibilita la suspensión de la comunidad autónoma, por atentar gravemente contra los intereses de España.

Lo cierto es que los catalanes quieren protagonizar su historia. Según últimos datos, el 71,7% estaría de acuerdo con que se convocara un referéndum y el 54% de los catalanes está dispuesto a participar en una consulta unilateral. El 42,5% apoyaría una Catalunya independiente frente a un 37,6% que se opondría. Las elecciones anticipadas de 2015, se plantearon, desde el independentismo, como un plebiscito sobre la independencia. De hecho, Artur Mas, que las convocó, definió las elecciones como la «consulta definitiva», tras haberse declarado inconstitucional el referéndum reclamado. Las elecciones dieron el triunfo a la coalición Junts pel Sí (CDC –ahora PDeCAT– y ERC), que gobierna con un acuerdo parlamentario con la CUP-CC. La situación política ha venido a fortalecer el proceso del derecho de autodeterminación y la independencia de Catalunya. Ahora, el president Puigdemont anuncia que Catalunya celebrará el referéndum por la independencia el 1 de octubre. Todo está por descubrir.

Qué tiempos desde aquel 4 de julio, cuando Estados Unidos, se convirtió, como nación, en la primera república democrática representativa de la historia de la humanidad. Hoy, por estos lares, no se reconoce ni el derecho a participar en un referéndum y responder a la pregunta: ¿Quiere que Catalunya sea un Estado independiente en forma de república?. En palabras de Joan Tardà «el referéndum del 1 de octubre sobre la República Catalana anticipa el modelo para proclamar la III República». Se cumplirá el proyecto de Francesc Macià al proclamar la República Catalana dentro de la Unión de Repúblicas Ibéricas el 14 de abril de 1931.

Defiendo el derecho a decidir de los pueblos. Hay que dar protagonismo a la palabra y al pueblo soberano, dejando a un lado la fuerza y la dialéctica tramposa. No soy nacionalista, ni profeso ideas nacionales; soy socialista, internacionalista y republicano y quiero decidir sobre el modelo político institucional en España, sobre lo que nunca nos preguntaron. Por la República.

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