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Desastre nacional

Se ha cumplido un año desde que Rajoy quedó investido Presidente del Gobierno por las Cortes. Las promesas electorales —incumplidas—, fueron suficientes para dar la victoria al PP. La realidad ha sido esta: subida de impuestos, reforma laboral, recopago sanitario, congelación de pensiones, recortes de servicios públicos, rebaja de salarios a funcionarios, creación de banco malo, más paro y menos derechos. Contra lo que dijeron, la economía española no sólo no ha mejorado, sino que ha ido a peor.

Se mire por donde se mire, el balance de este año es absolutamente desastroso. «Gobernar es repartir dolor», decía Gallardón, para defender su política. El tasazo judicial ataca el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva. Y exactamente eso es lo que el partido en el gobierno ha estado haciendo durante este año. Ha repartido: dolor entre la ciudadanía más necesitada, y gracias miles a la banca y al poder económico. Defienden los intereses de las grandes fortunas y desprecian a quienes solo poseen el trabajo para sobrevivir; algunos ni eso.

¿Qué se puede esperar de un gobierno, que tiene como ministra de empleo, a quién se encomienda a la virgen de su pueblo, para que favorezca la creación de empleo?; la ministra no ayuda ni a la virgen; en su lugar: reforma laboral injusta, inútil e ineficaz, que consiguen lo contrario de lo que se precisa. Y el otro ministro, que para defender su retrógrado modelo educativo, al servicio del más rancio y reaccionario catolicismo, se compara con un toro bravo, que se crece en el castigo. Demasiado noble es el toro para tal comparación. Hemos entrado en una situación de degradación e involución, como nunca antes había ocurrido en los últimos tiempos en España.

Rajoy ha fracasado estrepitosamente en su política de recuperación económica y de creación de empleo, suponiendo que es eso lo pretende. Lo que parece es que solo quiere la eliminación de derechos sociales y laborales. Después de un año de gobierno, en más de 1.700.000 familias, ningún miembro tiene trabajo. La tasa de paro ha superado el 25%; el número de desempleados se acerca a los seis millones; 800.000 desempleados más y 23.000 empresas cerradas en este año. Las previsiones anuncian aumento y ninguna señal de recuperación económica.

La lacra del paro acarrea otras miserias, que llevan a mucha gente a la exclusión social y a la disminución de la riqueza. La riqueza de los hogares españoles bajó un 18,5% hasta mediados de 2012. En España hay ya 12.741.434 personas en riesgo de pobreza y/o exclusión (último seguimiento del indicador de riesgo de pobreza y exclusión social 2011, del European Anti Poverty Network). Uno de cada cinco españoles se encuentra bajo riesgo de pobreza y el riesgo crece entre la población en edad de trabajar. Más de 2.267.000 niños y niñas viven en España por debajo del umbral de la pobreza. Esta situación se hace insoportable. ¡Dónde nos lleva esta gente!

Los indicadores básicos de la economía han empeorado y la economía real retrocede. El ministro del ramo —que fue director en España de Lehman Brothers, banco estadounidense quebrado y causante de la crisis mundial— dice que la economía española crecerá, cuando se terminen de hacer todos los ajustes necesarios (que son recortes sociales, para ayudar a los bancos). El ministro que decía «dejad que el país caiga, que ya lo levantaremos nosotros», tampoco tiene suerte. Ni siquiera su política de contención del déficit público está dando resultados, ni con los «presupuestos más sociales de la democracia». La UE y buena parte de los analistas creen que el déficit público a final de año estará en el entorno del 8%, cuando el objetivo marcado por la UE es del 6,3%. La deuda pública roza el 76% y a finales de 2013 superará el 90%. No están levantando nada, lo están hundiendo todo, para beneficio de los que todo tienen.

La inflación tampoco está controlada, con el perjuicio que conlleva para las economías más modestas. La subida del IVA y de los impuestos ha contribuido decisivamente al aumento del IPC. Quienes más soportarán la carga de este descontrol, son, sobre todo, los pensionistas y quienes cobran el Salario Mínimo Interprofesional (la última burla del gobierno ha sido subir un 0,6% el salario mínimo, que no llega a 3,9 € al mes). La pérdida del valor adquisitivo, sumado a la congelación de pensiones, los pagos, copagos y repagos en la sanidad y otros servicios públicos, hará a más gente, más pobre. ¿Presentará la ministra Mato su particular programa «Aktion» para dar solución al exceso de jubilados y enfermos crónicos? Parece que cada día somos más los que sobramos y todo cabe esperarse.

Han creado el «banco malo» para sanear la cartera de inmuebles acaparados por los bancos, nacionalizando sus pérdidas y privatizando las ganancias. El problema de los desahucios no está resuelto y persigue a sus víctimas. Se han batido todos los record. Algunas personas prefieren el suicidio digno, al padecimiento provocado por las políticas económicas. Los problemas económicos son el origen del 32% de los suicidios en España (9 personas se suicidan cada día, 3 de ellas porque no encuentran otra salida para acabar con sus penurias económicas). Todo esto muestra la indecencia política que estamos padeciendo.

Poco hemos podido disfrutar del incipiente Estado de Bienestar, que los países europeos de nuestro entorno, modelaron al finalizar la segunda guerra mundial. Hoy aquel pacto social, junto con los equilibrios políticos y sociales se ha roto. Aquí en España también, perjudicados por este gobierno, que ejerce el poder de manera fundamentalista, despótica y agresiva, a la vez que autoritaria y represora.

Más pobres, más paro y más recesión, más incertidumbre y peores expectativas de futuro; menos derechos laborales, ciudadanos, sociales y más desprotegidos en los fundamentales. Este es el balance de un año. Pensábamos que habíamos salido, para siempre, de las catacumbas de esa España triste, inculta, de estraperlistas corruptos y curas innobles. Transcurrido un año, el gobierno nos lleva a ella otra vez.

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