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Corrupción ¡Esto es un saqueo!

Corrupción ¡Esto es un saqueo!

A estas alturas que voy a decir yo que no hayan pensado ustedes. Tan solo un apunte. No parece que la corrupción vaya a desaparecer, porque los que tienen el poder para evitarlo no quieren. Los instrumentos para luchar contra la corrupción existen, pero no se utilizan. La corrupción no va a desaparecer, mientras no exista voluntad política decidida que la evite. Hay que castigar con más dureza al político corrupto que engaña y roba las arcas públicas, perjudicando al conjunto de la sociedad.

Es corrupción el tráfico de influencias, el uso de información privilegiada y el pago de comisiones ilegales, para conseguir negocios y beneficios, que sin el delito, no hubieran podido alcanzarse. Otras prácticas corruptas son el soborno, la extorsión, el fraude, la malversación, la prevaricación, el cohecho, el contrabando, el blanqueo y la evasión de capitales o el delito fiscal (2.887 delitos ha denunciado Hacienda el año pasado, por contrabando y blanqueo de capitales). Se han acumulado grandes fortunas con el negocio inmobiliario y sus prácticas corruptas asimiladas. La financiación ilegal de los partidos políticos es otro delito y el caso Bárcenas su último ejemplo.

En la historia de España, la realeza también se ha visto implicada en casos de corrupción para su enriquecimiento personal. Fue célebre la reina regente María Cristina de Borbón (la que «me quiere gobernar») y sus negocios especulativos con sal, ferrocarriles y trata de esclavos, llegando a amasar una gran fortuna por procedimientos poco claros. No había industria en España, en la que no llegó la mano real. Hoy, el caso Urdangarín, yerno del rey, vuelve a tocar a la realeza en su propia casa.

Hubo un tiempo que en España, a la corrupción se la llamó «estraperlo». Durante la República, una denuncia de M. Daniel Strauss ante el presidente Alcalá Zamora, exigía una «indemnización», por los gastos que le había ocasionado la instalación de juegos en determinados casinos. El caso fue conocido popularmente como «estraperlo» (por el nombre de sus promotores Strauss, Perle y Lowmann). Los gastos no eran sino sobornos (hoy diríamos comisiones ilegales), pagados a políticos, amigos y familiares del Partido Republicano Radical y de su líder Lerroux. Desde entonces, en España, el «estraperlo» figuró, como una de las más extendidas y lucrativas actividades económicas ilegales.

Allá por los años 60, Adolfo Marsillach, compuso una telecomedia, cuyo argumento reflexionaba sobre la censura, a la que no le valía, por insuficiente, el título de la obra «La honradez». En España la honradez tenia que ser recompensada, decían, pero no de forma puntual, sino siempre. De ahí que la obra pasó a titularse la «Honradez recompensada siempre en España». En la realidad del momento, no solo no se recompensaba la honradez, sino que se premiaba lo contrario. La corrupción campaba a sus anchas desde los propios despachos ministeriales. Se compraban y vendían licencias de importación y exportación, para beneficio de jerarcas y allegados del régimen.

Según datos de la organización Transparencia Internacional, Italia es el cuarto país más corrupto de la Unión Europea, por detrás de Bulgaria, Grecia y Rumania. España ocupa el puesto 30 en el ranking sobre percepción de corrupción. Empresarios, alcaldes, concejales, presidentes y consejeros de CCAA, ministros y ministras aparecen implicados en casos como: Bankia, Brugal, Campeón, Camps, ERE, Fabra, Ferrán, Filesa, Guerra, Gürtel, Hornaechea, ITV, Kio, Liceo, Lino, Malaya, Matas, Mercasevilla, Naseiro, Palau, Pallerols, Pretoria, Pujol, Roldán, Urdangarín, infinidad de tramas urbanísticas, y acciones preferentes,…; y ahora el caso Bárcenas.

En relación con este último caso, vinculado, la Comisión de la UE, en un informe interno (información de Claudi Pérez para El País) dice: «Ese es solo el último de una serie de casos de corrupción de perfil alto, incluyendo uno contra el yerno del rey Juan Carlos. Como consecuencia, los españoles han perdido la confianza en su clase política», y subraya «la creciente frustración podría llevar a muchos españoles a una completa desconexión de la política». Europa nos conoce, porque no es oro todo lo que reluce.

El caso Gürtel, o Bárcenas, o financiación ilegal del PP es muy grave. Está implicado el nombre del presidente del gobierno como beneficiario de la trama. Rajoy dice que todo es falso «salvo alguna cosa»; veremos que cositas sones. El escándalo continúa: de momento, en los datos fiscales presentados, los ingresos no coinciden con los declarados en el Congreso; y en 2008, el sueldo bruto de Rajoy creció en 28.076 euros, una cifra similar a la cantidad que supuestamente le entregó Bárcenas en años anteriores. El caso Bárcenas se está convirtiendo, según aparecen nuevos datos, en el caso Rajoy.

Para los españoles, la corrupción es el cuarto problema que tiene España, pero no se puede generalizar; la mayoría de los políticos son gente honrada. El error de los dirigentes de los partidos, ha sido permitir, que militantes destacados se enriquecieran para si, y en ocasiones para el propio partido. ¿Sería menos escandaloso si cambiaran la ley de financiación de partidos? Para empezar se tienen que terminar las donaciones de empresas a los partidos.

Mientras unos se lucran a nuestra costa, otros pagamos en su beneficio. Los corruptos abanderan las políticas de austeridad, desmantelamiento de los servicios públicos y las privatizaciones; son quienes propugnan que el Estado no preste servicios asistenciales, ni pague pensiones, ni subsidios, mientras que ellos llenan sus arcas de una forma ilegal y sin mayor castigo. La corrupción ha quebrado el funcionamiento de las instituciones, y ha conseguido alejar a la ciudadanía de la cosa pública. ¿Cómo va a haber dinero, si se lo están llevando a manos llenas? Y en nuestra cara.

Tan corrupto es el que utiliza los bienes públicos en su propio beneficio, como quien no lo impide pudiendo. Es necesaria una reforma del Código Penal, que penalice con más dureza las prácticas corruptas. Las leyes han castigado siempre más el robo de una gallina para comer, que los fraudes y desfalcos de los poderosos. Los partidos políticos tienen que eliminar de su cultura la financiación ilegal y expulsar a los indeseables de sus filas; ponerlos a disposición de la justicia y ésta actuar con contundencia. Estamos asqueados de tanta basura y por ahora, todo parece perdido.

El portavoz de Jueces para la Democracia considera, que al Gobierno le interesa que la justicia, no tenga medios suficientes para luchar contra la corrupción, y considera que «no es admisible que un inmigrante, que coloca el «top manta» para poder sobrevivir, tenga previstas posibles penas de prisión y el político corrupto que engaña, sustrae, perjudica al conjunto de la sociedad, en ocasiones, solo tenga pena de multa». Como siempre ha ocurrido, se «criminaliza la pobreza», pero no los delitos cometidos por quienes tienen el poder. Se tiene que dar la vuelta a la tortilla.

El poder corrompe; sobre todo, si los que asumen el poder, lo quieren para poder corromper. Entre unos y otros, por acción u omisión, han corrompido la democracia y permitido que la corrupción y el nepotismo se instalen en el Sistema. ¡Esto es un saqueo! Algunos pretenden desvirtuar la democracia, presentando la corrupción en la política, como algo consustancial; pero no es así. Contra corrupción, más democracia, más participación y transparencia. Es necesario un cambio político e institucional, que permita combatir la corrupción y depurar responsabilidades políticas y penales.

Ante tanta podredumbre y calamidad, Los Recortaos, chirigota gaditana dice: «¡Cómo está la cosa!, ¡Cómo está la cosa!; ¡La cosa va a explotar!». Y explotará.

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