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No tengo palabras

Me dispongo a escribir la columna semanal, pero percibo que me he quedado sin palabras. No tengo nada que decir; y mira que están sucediendo cosas en el mundo, en El Mundo y en España no digamos. Siempre hay algo nuevo que se puede decir, pero casi todo está dicho de casi todo. Yo mismo he escrito infinidad de artículos sobre historia y actualidad, pero hoy, sin palabras, sería sensato cerrar el ordenador y callarme, pero me resisto a ello; es más justo y necesario hablar del gobierno.

La rebelión de las batas blancas ha ganado. La justicia, en este caso, ha dado la razón a quién la tenía desde el principio y no a quienes pretendían eliminar uno de los pilares del estado de bienestar, con la privatización —«externalizacion» lo llaman— de la sanidad pública madrileña. La razón ha ganado en la calle por la presión ciudadana, la acción sindical y política y la firme aptitud de los profesionales de la medicina. Se ha ganado en los tribunales por la iniciativa del PSM (Partido Socialista de Madrid) y de la AFEM (Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid), pese a los manejos y presiones que el gobierno ha ejercido ante el Tribunal Superior de Justicia. Se ha ganado esta batalla, pero la guerra continúa; hay que seguir alerta, porque la Mato, mata con sus recortes y la «sanidad no se vende, se defiende».

Los pagos, copagos y repagos de los medicamentos, servicios médicos y hospitalarios, están afectando más, como es lógico, a los más necesitados. Es un ataque a los derechos fundamentales y derechos humanos. El Consejo de Europa considera ilegal que España excluya a los «sin papeles» de la Sanidad, pero como si oyen llover, también están excluyendo de este derecho a españoles con papeles, pero sin trabajo. La sanidad ha dejado de ser un derecho universal. Están desmantelado el sistema de salud, entregándoselo a las amistades económicas del PP y tenemos que evitarlo. La «solución final» particular del PP, pasa por los enfermos crónicos, las personas dependientes y los jubilados primero. Y ojo, hay más colectivos para poner en la lista.

Otra de las políticas regresivas del gobierno se ha centrado en el Sistema Educativo, que también están desmantelando, creando su propio modelo, adaptado a su ideología, característico de la rancia derecha reaccionaria española. El ministro dijo querer españolizar a los catalanes y nacionalizarcatolizar al resto de los españoles. Ahora parece que Wert, tiene dificultades para poner en marcha su Ley para la Mejora de la Calidad Educativa; no hay tiempo ni dinero en las comunidades autónomas. Con el nuevo sistema desaparece la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y tanto Valores Sociales y Cívicos (Primaria) como Valores Éticos (Secundaria) serán las alternativas a la religión. El gobierno ha puesto la educación en manos de la iglesia, no quieren que se reduzca la ignorancia, puesto que si esto ocurre, su dios y su poder, también se ven reducidos.

El ministro de educación, no solo rebaja el importe de las becas, sino que tarde y a traición, reclama a miles de alumnos el importe de las becas del curso pasado. La medida, restrictiva y con carácter retroactivo, afecta a todos los estudiantes que no hayan aprobado el 50% de la carga lectiva. Solo en Madrid, según CCOO, puede haber 10.000 estudiantes de Formación Profesional y de Bachillerato afectados, perjudicando más, como siempre, a las familias con más necesidades. Las becas son para quienes lo necesitan por falta de recursos, para fomentar la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación y no pueden ligarse a los resultados académicos.

Por su parte el ministro de justicia, representante de lo más granado de la ultraderecha, está empeñado en criminalizar las protestas sociales, por medio del Código Penal, mostrando su política autoritaria, totalitaria y por tanto antidemocrática. El gobierno legisla para reprimir y castigar el ejercicio de los derechos fundamentales de expresión, reunión y manifestación; al penalizar éstos, ataca la base misma del Estado social y Democrático de Derecho. Esta política es apoyada por el ministro representante del Opus Dei en el gobierno y a cargo de la policía. La «ley mordaza» no ha entrado en vigor, aunque los cuerpos y fuerzas de seguridad, están actuando como si estuviera, reprimiendo las manifestaciones con la mayor contundencia. Si con persistencia se ha podido evitar la privatización de la sanidad madrileña, con la misma y con todos los medios, podemos exigir que esta ley nunca se apruebe.

El pasado sábado miles de mujeres y hombres, han venido a Madrid en «trenes de la libertad», exigiendo al ministro Gallardón y al gobierno del PP, que no toque ni retoque la Ley de Reproducción Sexual e Interrupción voluntaria del Embarazo del 2010. Ha sido un acto de denuncia por el «ataque frontal contra la libertad, la dignidad y la integridad de las mujeres». Frente a la marea, el ministro dice a los suyos: «Tenéis mi compromiso de que ni un grito me hará abdicar en mi empeña». Se cree faraón y considera que «la reforma representará un impacto neto positivo por los beneficios esperados por el incremento de la natalidad». Recuerda a los teólogos del Barroco, dice Berta Cao, que definían la tarea de las mujeres en la procreación como «vasija, donde el hombre dejaba su semilla». La Iglesia dice que la reforma es un avance positivo pero insuficiente; que manía, son insaciables.

Mientras todo, la política cicatera contra el mal trato y la violencia hacia las mujeres, hace que ya sean 8 las asesinadas este año víctimas del #terrorismomachista y más de 12.000 mil casos de maltrato detectados por los médicos en un año. Si las 820 mujeres asesinadas desde el año 2001, lo hubieran sido por el terrorismo político, el Estado temblaría. El gobierno, que defiende la vida de los que están por nacer, consiente que en su España, casi tres millones de niños se encuentren en riesgo de pobreza o exclusión. Miles de enfermos crónicos no reciben sus medicamentos necesarios, y las personas dependientes están desatendidas. Somos el país con mayor desigualdad social de la Europa de los Veintisiete. Nunca en los últimos años la distancia entre ricos y pobres ha sido tan grande ni la diferencia de ingresos tan amplia.

Las próximas citas electorales, el desgaste por sus crueles políticas antisociales ejecutadas, la ruptura de la derecha, por la derecha y las presiones sociales sin precedentes en los últimos años, van a hacer, posiblemente, que el gobierno y su partido se centre, diciendo que se ha descargado de sus ultras y evite la confrontación social, bajando impuestos y algo más, pero será un espejismo. Son como son: cínicos fascistas.

Mientras que el Sistema permita que una mayoría absoluta parlamentaria, que no social, pueda hacer y deshacer a su antojo, subvirtiendo el orden constitucional, atacando los derechos fundamentales, estamos en sus manos. Y la oposición sin reaccionar adecuadamente. Hay que seguir en la protesta y tener memoria, para que cuando llegue el momento de votar, nadie les vote, ni a quienes no ofrezcan la derogación de todas las leyes injustas del PP.

Si al principio no tenía palabras, parece que las he encontrado y en el empeño estoy. La semana que viene seguiremos hablando del gobierno —como decían los inigualables Tip y Coll, con chistera y bombín—, también de la oposición y sus primarias (las abiertas no las entiendo), los recortes que se avecinan, el drama de los niños pobres, de Pedro J., del paseíllo de la hija del rey en su «infantamóvil» y de la justicia, que está contra los que de verdad la ejercen. Con acritud.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Artículo original publicado en diarioprogresista.es el 3 de febrero de 2014.

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