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23F, el rey fue uno de los responsables

El 23 de febrero de 1981, hace treinta y cuatro años, las fuerzas antidemocráticas, altos mandos de las fuerzas armadas, fieles al «testamento» de Franco, con la ayuda de otros afines al régimen, también quienes querían reconducir la situación política del momento y fortalecer al rey y la monarquía, se confabularon y dieron un golpe de Estado; que fracasó, pero que tuvo consecuencias políticas, algunas de ellas siguen aquejándonos.

El golpe estaba previsto para marzo. La dimisión de Suárez y el pleno de investidura de Calvo-Sotelo lo aceleraron todo. Lo tengo grabado en mi memoria. Vi entrar al teniente coronel Tejero, que con tricornio y pistola en mano tomó el Congreso: «¡Quieto todo el mundo!», dio la orden de «¡todos al suelo!» y efectuó un disparo al aire, seguido por ráfagas de ametralladora de los guardias asaltantes. Todos presentimos lo peor. Todavía me estremezco. El gobierno y el parlamento quedaban secuestrados, produciéndose el «Supuesto Anticonstitucional Máximo», que permitiría otra acción antidemocrática, para volver a la normalidad democrática, que no hubiera podido serlo nunca.

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